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Roberto Pocaterra Pocaterra Argentina//
Bojayá y el olvido

Colombia, España, Madrid, Argentina, Buenos Aires
Bojayá y el olvido

El 2 de mayo de 2002 hacia las 11 a.m., la capilla católica de Bellavista, cabecera municipal de Bojayá (Chocó), ardía en llamas. Las Farc acababan de lanzar un cilindro bomba que atravesó el techo de la iglesia y se estrelló en el altar. En su interior fallecieron 79 personas y 115 resultaron heridas: en su mayoría mujeres, niñas y niños ajenos a la absurda guerra entre la guerrilla y los paramilitares; ajenos a la pasividad de los militares que vivieron de cerca la masacre. Siempre pensé que lo acontecido ese día en Bojayá había quedado grabado en la memoria de la sociedad colombiana como una de las mayores desgracias de nuestro conflicto armado. Sin embargo, teniendo en cuenta los últimos acontecimientos en esa región, es evidente que no es así: Bojayá sigue siendo uno de los lugares más olvidados de nuestro país.

Roberto Pocaterra Pocaterra

Sorprende aún más que se hayan vuelto a prender las alarmas en Bojayá cuando hace apenas un par de semanas, 17 años después, se lograron identificar los cuerpos de la mayoría de las víctimas. Como homenaje a todas las personas afectadas por esta masacre, es fundamental que hagamos un esfuerzo no sólo por recordar lo sucedido y entender qué pasó, sino también por hacer lo necesario para evitar otra tragedia. El documental Bojayá: La guerra sin límites y el documento del mismo título, realizados por el Centro Nacional de Memoria Histórica en 2010, relatan y explican en detalle esta terrible historia que nos perseguirá por siempre como sociedad

Aunque la mayoría de nosotros ha escuchado hablar de Bojayá, me atrevería a decir que son pocos los que saben con exactitud qué pasó. Es importante tomarse el tiempo de mirar al menos uno de estos dos documentos para pensar en todas las víctimas y en sus familias: en esos seres humanos que, atrapados, vieron cómo la vida se les escapaba en un instante; en esos seres humanos que sobrevivieron para dar fe de los hechos en medio del dolor. En resumen, si como sociedad no tenemos claro y no nos duele lo que sucedió en Bojayá estamos jodidos

Es muy importante tomarse el tiempo de entender para poder explicarle a nuestros hijos las dimensiones de la violencia en Colombia y por qué es esencial hacer un esfuerzo en nuestra vida cotidiana para promover gestos de paz. Si nuestros gobernantes no han sido capaces de ponerse de acuerdo sobre lo que significa promover este tipo de gestos, no sobra que ellos también se tomen el tiempo de mirar los documentos. ¿Se está haciendo lo necesario para evitar más masacres? Si prestamos atención a la más reciente columna de Cristina de la Torre titulada “Vuelven las Convivir?”  y a lo expresado por el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, la respuesta es un rotundo NO. Por eso tampoco sobra que las instituciones educativas busquen la manera de hacer visible lo que pasó y está pasando, y sean capaces de explicarlo desde lo pedagógico como parte de una violencia que debemos impedir todos los días desde que nos despertamos

No quiero decir con lo anterior que se trata de una tarea fácil y mucho menos intento dar fluidez con las palabras a algo que es de una complejidad extrema. Sin embargo, es importante ser conscientes de que aún no tenemos la capacidad como sociedad de asociar las masacres vividas en Colombia con la violencia que reproducimos en nuestro día a día: nos hemos acostumbrado cómodamente a creer que no existe relación alguna entre las dos y que lo que acontece en la guerra poco tiene que ver con nuestra vida diaria. Tenemos el deber moral con todas las víctimas de nuestro conflicto armado de no sólo interesarnos por lo que ha pasado y sigue pasando en esta guerra, sino también de pensar qué podemos hacer para atenuar cualquier tipo de violencia. Es importante creer que podemos cambiar algo, así sea un mínimo, que nos permita vivir de manera diferente. Es importante conocer mejor tragedias como la de Bojayá y estar atentos a esa región que la Colombia dolorida por la violencia parece haber abandonado

@jfcarrillog

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